Ha pasado el año. He pensado mucho y he salido poco. Me he regalado tiempo, demasiado tiempo para pensar. Y mientras las navidades pasaban, para mí pasaba otro año. He envejecido un año en dos semanas; pero sigo llorando con la cara tapada. Ha habido cosas que me parecieron ridículas y al segundo fundamentales. He retenido al caos bajo altas dosis de ficción y la mente en suspensión. Te he odiado y te he querido irremediablemente, cada día. He censurado mis canciones favoritas para no escucharte y he lamentado haber cedido tanto espacio de mí para hacer sitio a tu rock, a tus películas y toda tu sabiduría de pasillo de instituto. Pretendiendo no hacer lo de siempre, he acabado haciendo exactamente lo mismo: balance. Y ya no entiendo de números desde que no estás y he perdido el rumbo contando cada vez que te vi dormir y el mundo se concentraba en la paz de tu frente.
Pasará otro año y espero no tener que hacer el esfuerzo de no quererte, espero no seguir muriendo cuando no quedan luces y escucho puntear la guitarra. Mi propósito no es olvidarte, te has encargado de que no exista esa opción, mi propósito es poder hacer las paces con lo que ya no será.
Feliz año.
Me gustaría excusarme por la tristeza de lo que digo, pero no sé escribir cosas alegres aún.
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miércoles, 9 de enero de 2013
lunes, 9 de enero de 2012
No celebro la navidad pero me gusta mi regalo.
Un año pasa, pasan recuerdos y los dos de la mano, con música chatarrera de fondo, nos saludamos con los labios , en silencio, aprendemos quienes somos a base de hurgarnos las miradas. Y ese de la camisa, parece que es el del año pasado.. cierto, primavera si no me equivoco, en Portugal... ¡Y está conmigo! vaya, será un buen año, ¿no cres?
Que bien le quedaba el sol en el verde (que ahora me fulmina la falda), la arena perniciosa nos volcaba en el mar, que fácil era todo cuando no sabíamos nada, analfabetos de normas, sujetos con pantalones cortos y un camino rojo a tus brazos, a dos ruedas.
Ahora, camino a la edad del delito, hacemos montañas a menudo, de conversaciones fabricada de símbolos; y poco de personal tienen nuestras disputas, la tecnología parece llevarse mis escasas seguridades y tus nervios se fugan junto a ellas. Nos hacemos ovillo en los miedos. Y lloro, porque nunca me han enseñado a afrontar lo que no se sabe, las posibilidades se hacen sus huecos en mi irracionalidad. Lloro y emborro a veces los sueños con rimel de ayer, pero nunca dejo de despertar con las palabras más dulces en los labios dispuestas para tu foto, que me habla con símbolos que ahora parecen poesía.
Que bien me sonaba tu B mecida en mi acento, tu guitarra, las no promesas que quisiste darme a mi pesar, tardes enteras dejando mis ojos llenos de arenas tras tu balón, una charla sobre películas mientras nos mandaban callar y ese beso que le robé a una cara casi desconocida.
Sí, un buen año.
Que bien le quedaba el sol en el verde (que ahora me fulmina la falda), la arena perniciosa nos volcaba en el mar, que fácil era todo cuando no sabíamos nada, analfabetos de normas, sujetos con pantalones cortos y un camino rojo a tus brazos, a dos ruedas.
Ahora, camino a la edad del delito, hacemos montañas a menudo, de conversaciones fabricada de símbolos; y poco de personal tienen nuestras disputas, la tecnología parece llevarse mis escasas seguridades y tus nervios se fugan junto a ellas. Nos hacemos ovillo en los miedos. Y lloro, porque nunca me han enseñado a afrontar lo que no se sabe, las posibilidades se hacen sus huecos en mi irracionalidad. Lloro y emborro a veces los sueños con rimel de ayer, pero nunca dejo de despertar con las palabras más dulces en los labios dispuestas para tu foto, que me habla con símbolos que ahora parecen poesía.
Que bien me sonaba tu B mecida en mi acento, tu guitarra, las no promesas que quisiste darme a mi pesar, tardes enteras dejando mis ojos llenos de arenas tras tu balón, una charla sobre películas mientras nos mandaban callar y ese beso que le robé a una cara casi desconocida.
Sí, un buen año.
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