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viernes, 3 de enero de 2014

Mi vida hoy

Extraño leer por placer y con ganas, engancharme como una garrapata a las páginas, estrujarlas y sacarles todo el jugo posible hasta quedarme con esa maravillosa sensación; esa sensación indescriptible que deja un buen libro cuando te remueve por dentro, cuando lo acabas y te sientes lleno y vacío a la vez. 
Que no me hablen más de lecturas obligatorias, de clásicos de la literatura gallega ni de ensayos escritos con mala saña para perderse entre su multitud de oraciones subordinadas, construcciones coordinadas y otras artimañas.

Estos días estudio, o veo películas o algún capítulo de Mad Men.
Mi vida se reduce a ese paseo incesante entre la biblioteca y mi casa. Vivo en la agonía de leer por obligación rodeada de libros que leería por placer; me desquito viendo películas o, mejor dicho, buscando opciones que se me acumulan. Ya casi no saco fotos ni voy a la playa en bicicleta los sábados por la mañana.
Extraño el calor en las mejillas y el frío gélido en las manos mientras bajo cuestas con la mochila a la espalda; sabiendo que cuanto antes llegue, antes podré disfrutar de la tranquilidad inconfundible del sonido del mar bravo de invierno. O ir con la perra a correr por la arena hasta caer agotadas y ponerme a leer mientras duerme a mis pies.
También extraño, aunque no me está permitido, los sábados noche de películas bajo la manta y el debate posterior que la trama siempre provocaba, regalar lunas llenas y madrugar sabiendo que esperaba la cama.




Yo, en cambio, no he sabido ir a favor del viento

que muerde las esquinas de esta ciudad impía"



Como siempre, pretendo no hablar de mí pero quienquiera que sea el que lee esto hace su función de psicólogo a la perfección. Ahora agradecería que si alguien está ahí se manifieste y me ayude a aumentar mi lista de cosas pendientes con recomendaciones literarias, cinéfilas y musicales de todo tipo.






Fotos de la última vez que la bicicleta me llevó al mar

viernes, 6 de julio de 2012

Mar de tinta en mis ojos.


Mi última lectura, Seda de Alessandro Baricco.

"Cumplió treinta y tres años el cuatro de septiembre de 1862. Llovía su vida, frente a sus ojos, espectáculo quieto"

Solo por esta frase ha valido la pena leer el libro. Increíble. Y que decir de la carta final plagada de erotismo y  sabor a despedida...
(no desvela casi nada de la trama pero para los que piensen leérselo no aconsejaría su lectura, es una guinda demasiado sabrosa que es preciso disfrutar como colofón)


Mi señor amado, no tengas miedo, no te muevas, quédate en silencio, nadie nos verá.

Permanece así, te quiero mirar, yo te he mirado tanto pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate como estas, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego. No abras los ojos si no puedes, y acaríciate, son tan bellas tus manos, las he soñado tanto que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así. sigue, te lo ruego, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate señor amado mío, acaricia su sexo, te lo ruego, despacio. Es bella tu mano sobre tu sexo, no te detengas, me gusta mirarla y mirarte, señor amado mío, no abras los ojos, no todavía, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me oyes?, estoy aquí, puedo rozarte, y esta seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos tendrás mi piel. Tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, en cierto momento sentirás el calor de mis labios, encima, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de improviso. Tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las cejas, sentirás el calor entrar en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea sobre tu sexo, apoyare mis labios allí y los abriré bajando poco a poco.


Dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo. Hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tu serás mío para siempre, y si no me crees abre los ojos señor amado mío y mírame, soy yo, quién podrá borrar jamás este instante que pasa, y este mi cuerpo sin mas seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran.

Tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que resbalas debajo de mí, tomas mis flancos, me levantas, me dejas deslizar sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote con lentitud, tus manos sobre mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves con lentitud, pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz. Mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me levanta, tus brazos que no me dejan ir, los golpes dentro de mi, es dulce violencia, veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde tú quieras, señor amado mío, no hay fin, no finalizará, ¿lo ves?, nadie podrá cancelar este instante que pasa, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos, mi voz dentro de la tuya, tu violencia temiéndome apretada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir, tenía que ser este instante, y en este instante es, créeme, señor amado mío, este instante será, de ahora en adelante, será, hasta el fin.


No no veremos más, señor. Lo que era para nosotros, ya lo hemos hecho y tú lo sabes. Créeme: lo hemos hecho para siempre. Conserva tu vida al margen de mí. Y no dudes ni un segundo, si es útil para tu felicidad, en olvidar a esta mujer que ahora te dice, sin remordimiento, adiós.






En mi opinión es una buena adaptación, quizás con dramatismo y románticismo del cual está exenta la novela pero que consigue un resultado más comercial y atractivo.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Bebo cine y a veces también lo vierto por los ojos.

Me asomo a la ventana
para dejar la cabeza airear
(lo de adentro me refiero)
el viento puede agitar
todo lo que no me pertenece.
La ventana es oscura, a veces,
otras pura luz, pero no puedo
parar el viento por mucho que
la cierro con manos torpes.
Los créditos en ella se prolongan
y el pelo se enreda volviéndose maraña
de mí,
 y subtítulos en negro.


A mi también me gustan las películas que se te quedan dentro y me gustas tú, Isabel.